lunes, 7 de abril de 2014

Claves de las elecciones en Afganistán

La comisión electoral estima que han votado siete millones de personas, un número muy superior a los 4,6 millones de los comicios de 2009. “Los enemigos de Afganistán han sido derrotados”, ha dicho el presidente de la comisión, Mohamad Yusuf Nuristani. 

En cualquier circunstancia, celebrar elecciones en Afganistán sólo son posibles con financiación exterior. Estas han costado unos 100 millones de dólares, costeados por la ONU y gobiernos occidentales. El Estado afgano no puede pagarlas.

Tres candidatos destacan sobre el resto: Abdulá Abdulá, Ashraf Ghani y Zalmai Rasul.
Abdulá, de 53 años, ya se presentó en 2009, donde fue el segundo más votado por detrás de Karzai con el 31% de los votos. Se retiró en la segunda vuelta en protesta por el fraude en favor del presidente.

Ghani, de 64 años, es lo más parecido a un tecnócrata que se puede encontrar en Afganistán. Fue ministro de Hacienda con Karzai. Alguien como Ghani que ha tenido puestos directivos en el Banco Mundial aspira a ciertas normas de contabilidad desconocidas en su país.


Rasul, de 70 años, es el candidato de Karzai. El presidente no ha expresado en público sus preferencias, pero ya se ocupó de pedir a su hermano, Qayum Karzai, que se retirara de las elecciones para no perjudicar a Rasul. Hasta el inicio de la campaña, Rasul era ministro de Exteriores, pero lo más importante es que ha estado al lado de Karzai desde la llegada de este al poder.
Karzai se ocupará de marcarle el camino si Rasul es elegido. Su residencia privada, 1.200 metros cuadrados de superficie, no demasiado para lo que es habitual entre los caudillos tribales, está situada a no mucha distancia del palacio presidencial.

El interés de EEUU


Para Washington, las elecciones se reducen a un enigma: ¿aceptará el vencedor firmar un acuerdo que permita la presencia de tropas norteamericanas tras la retirada? Karzai se ha resistido, aunque da la impresión de que no es porque se oponga, sino porque prefiere que sea otro el que ponga la firma. Los tres favoritos han dicho que están en principio a favor del acuerdo. No hay en Afganistán un Maliki como en Irak que se negó a suscribir el pacto. Maliki necesitaba destacar sus credenciales nacionalistas tras varios años de ocupación y tenía los fondos del petróleo para sostener al Estado. En Afganistán las cosas no han cambiado: el 90% del presupuesto depende de fondos que vienen del exterior.

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