Por Cristian Arroyo *
Argentina atraviesa uno de los momentos de mayor
protagonismo global de su historia. Es portavoz del clamor de los 124 países
que acompañaron la propuesta de regular las restructuraciones de deuda soberana
y de todos los pueblos del mundo en su legítima defensa contra los fondos
buitres.
Cristina expondrá en Naciones Unidos acerca de la necesidad
de poner límites a un capitalismo sin patria ni bandera que pone en peligro el
bienestar de buena parte de la humanidad.
El poder económico, a través de los grandes medios que
controla, es muy eficaz en ridiculizar las criticas al “orden natural” de las
cosas. Pero ese ninguneo encuentra una dificultad cuando las voces son tantas.
Casi todo el sur del mundo y buena parte del norte han acompañado la iniciativa
de denunciar el poder insaciable del capital financiero. A esas voces se suma
con fuerza la del Papa Francisco.
La economía de la
exclusión y la idolatría del dinero que gobierna (Francisco dixit)
Francisco retoma la línea de la Doctrina
Social de la Iglesia que históricamente ha sido muy crítica del liberalismo
económico y lo hace con mucha claridad: “(…) algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que
todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra
provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo”. Parece que Francisco no cree como Binner en la
“mano invisible del mercado”.
Los dueños de todas las cosas han logrado que se piense que
las reglas de juego que ellos ponen y les permiten enriquecerse cada día más
son objetivas, eternas e incuestionables.
Parece que la política es gestionar un sistema económico que
funciona como un becerro de oro incuestionable.
Recientemente fue publicado un trabajo del economista
francés Thomas Piketty donde
demuestra que “el capital, y el dinero
producido por él, se acumula más deprisa que el crecimiento en las sociedades
capitalistas”.
Es decir que el patrimonio de los más ricos crece más que la
economía en su conjunto, aumentando la desigualdad. Esto no es una opinión, es
un hecho que nos permite inferir que el capitalismo liberal es, por lo tanto,
incompatible con la democracia y con la justicia social.
Más sencillo lo dice Francisco “Mientras las ganancias de unos pocos
crecen exponencialmente, las de la
mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.
Este desequilibrio proviene de ideologías
que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación
financiera. De ahí que nieguen el derecho
de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”.
Buitres y el control
Estatal
En este marco se da el encuentro entre Francisco y Cristina,
compartiendo la necesidad de poner un freno a la voracidad especulativa y
recuperar el poder de los Estados para controlar al capital.
El propio Francisco pedía lo que Cristina consiguió en la ONU: “Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría
un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes
exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro (…) ¡El
dinero debe servir y no gobernar!”
Es significativo remarcar la necesidad de poner la ética sobre las
reglas de juego del sistema, porque cuando uno escucha a Massa o a Macri, privilegian a las primeras por sobre la ética.
Ellos reconocen a pie puntilla la
sentencia de Griesa, la ética no. Eso significaría sacarle a millones de
argentinos, los pobres y los no tan pobres, ingentes recursos para dárselos a
multimillonarios. Tal vez por eso Francisco recibe a todos, menos a uno (o tal
vez sabe algo más sobre Massa y el nordelta).
Lo triste, lo patético, es la
cobertura de los medios que consume y acredita buena parte de la población de
este hecho fundamental para la civilización mundial (parece exagerado, pero si
te pones a pensar es un hecho fundamental de este tiempo histórico).
Ocultar en conventillos domésticos el respaldo del líder religioso más
importante del mundo a una iniciativa apoyada por todos los países del sur y
que tiene como finalidad iniciar el camino para poner límites a la voracidad de
una oligarquía mundial que ve acrecentado su capital a un ritmo mayor que el
crecimiento global, es no entender nada. O ser cómplice.
“La deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades
viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real”. La
pelea con los buitres no es un problema de Cristina, según como salga va a ser
tu bienestar y el de tus hijos.
Como corolario de la reunión, el Papa le pidió a Cristina que sea portavoz en la ONU de su iniciativa
por la Paz Mundial “Scholas Ocurrentes”. Paz que se vio quebrada por las
invasiones imperialistas a Irak, Afganistan, Libia, Siria y Palestina, solo en
la última década. Ella tendrá la oportunidad envidiable de hablarle al mundo a
favor de la paz y en contra de la especulación financiera que genera exclusión.
Palomas o buitres.
* Cristian Arroyo es Licenciado en Trabajo Social. Secretario General de la CP Descamisados. Director Ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas y Protagonismo Popular.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario