Israel aceptó una tregua por
tiempo indeterminado en Gaza pero no abandono su interés en continuar ocupando
tierras ilegalmente del territorio palestino. Es por eso, y sabiendo que la
imagen de su Primer Ministro, Benjamín Netanhayu venía cayendo en la medida que
las bombas caían sobre escuelas y hospitales de Gaza, que decidieron recostarse
en Csijordania y anexar 400 hectáreas de terreno de los distritos de Belén y
Hebrón.
Rápidamente, Palestina salió a
denunciar semejante decisión del Estado de Israel considerándolo como un crímen
de guerra en una reunión realizada este martes en la ciudad cisjordana de
Ramala bajo la dirección del primer ministro, Rami Hamdala.
En ese sentido, y mediante un
comunicado, el gobierno palestino afirmó: "El gabinete rechaza duramente
la decisión de la ocupación israelí de anexarse unas 400 hectáreas de tierra
palestina cerca de Belén y Hebrón, en Cisjordania, y considera este acto un
crimen de guerra y parte de las continuas violaciones de la ocupación".
La decisión del gobierno israelí
confirma dos cuestiones importantes. Por un lado, su fuerte vocación imperial,
independientemente de la tregua en Gaza. Es claro que esa decisión respondió más
a no querer pagar los costos políticos frente a la comunidad internacional que
a una voluntad de diálogo con Palestina. Por otro lado, significa el fracaso
rotundo en la decisión de quebrar la unidad entre Hamas y Al Fatah, objetivo de
Israel desde las épocas de Yasser Arafat.
El gobierno palestino también exhortó
a la Organización de Naciones Unidas y al Consejo de Derechos Humanos a enviar
una comisión que investigue las expropiaciones y confiscaciones de tierras
palestinas por parte de Israel.

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